VOLVER AL ORIGEN MIRANDO AL FUTURO

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Me llamo Narvay. Ya sé que tengo un nombre poco común, yo diría que único, y aunque no tiene un significado concreto, para mí significa muchas cosas y todas muy importantes.

Según me cuenta mi padre, escuchó el nombre de Narváez en algún sitio y le gustó y decidió cambiar la e y la z por la y, convirtiéndolo en un nombre exclusivo, por el que hoy todo el mundo me llama y conoce.

Me gusta mi nombre. Tiene fuerza. Como los herreños que se saben levantar una y otra vez, que se doblan, pero no se rompen, como la sabina. Con esa resistencia que caracteriza a este pueblo noble.


Nací en la isla de El Hierro, en Isora, un pueblo a 10 kilómetros de Valverde, al que vuelvo siempre que mis obligaciones me lo permiten y en el que puedo desconectar del mundo. Porque allí se ve todo de otra manera, con la paz que da su valle, sus gentes amables, sus calles, sus montañas...

Tengo una especial predilección por mi isla natal, por Canarias, y no puedo esconder que llevo con orgullo el nombre de El Hierro allá donde voy.

Aquí fue donde me crié, con mis primos y mis amigos, que sigo manteniendo después de tantos años, pese a la lejanía y pese al ajetreo diario.

Aquí fue donde me enamoré de mi mujer y formé una familia, con mis dos pequeños, la mejor que se pueda tener.


Aquí sigo teniendo mi grupo de Carnavales y siempre que mis obligaciones me lo permiten, estoy con ellos.


Y sigo soñando con un futuro mejor, con el orgullo de ser de una isla que es autosuficiente al cien por cien, ejemplo de sostenibilidad para el planeta.

Y eso lo tiene que conocer el mundo entero.

Fui el senador más joven de la Cámara y, con toda la fuerza y la vehemencia de mis 30 años, me dediqué en cuerpo y alma a defender todo aquello en lo que creo, a luchar por los intereses de todos los canarios en Madrid, durante los 8 intensos años que estuve en el Senado.


Y ahora desde el Gobierno de mi tierra, sigo, de manera enérgica, dando todo lo que puedo de mí, en defensa y beneficio de nuestros agricultores, ganaderos y pescadores, llevando las nuevas tecnologías y los avances a quienes han puesto todo su esfuerzo en estas labores que tan importantes son y que nos proporcionan lo fundamental en la vida: el sustento.


 Creo firmemente que Canarias merece muchísimas cosas por infinidad de razones,  pero quizá, la que más me mueve a seguir luchando es la igualdad social, el progreso, la justicia y la dignidad de los hombres y mujeres del campo y del mar.

Trabajo para lograr las mismas condiciones para una ganadera de La Palma o un pescador de El Hierro que cualquier agricultor de Murcia y Francia.

Necesito que mi gente, aquella que trabaja con sus manos, que no conoce otra cosa que el esfuerzo, pueda vivir dignamente de su trabajo, de este oficio que es a la vez tormento y alegría, y que con tanto sacrificio se ha ido manteniendo generación tras generación.

Quiero y deseo cumplir mi compromiso con esas personas. Y trabajo para que así sea. Porque los canarios tenemos la necesidad de regresar al origen mirando al futuro.  Porque el campo y el paisaje -que mueven, también, la economía y el turismo de estas Islas- no se crean de la nada. Porque todos, absolutamente todos, tenemos algo que aportar y que decir.


Por eso, te invito a que me acompañes en este viaje. Que juntos recordemos lo que nos une y desterremos lo que nos separa. Y  que, por encima de todo, ayudemos a construir una tierra próspera para un futuro posible.


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